Come to the dark side… we have cookies!

El lado oscuro siempre gana. Es un hecho, aunque debido a que la historia la escriben los vencedores, no siempre somos conscientes de hasta qué punto esto es así. Los buenos siempre tienen todas las de perder.

malos contra buenos
malos contra buenos

Para empezar, quien golpea primero, golpea dos veces. Además, la mejor defensa es un buen ataque, sobre todo si este ataque pilla por sorpresa al enemigo. Una buena persona nunca atacará si no es amenazada, porque por definición, alguien que utiliza la violencia sin un motivo real y contundente no puede ser calificado de bueno. En cambio, los malos no necesitan motivos para atacar, por eso son los malos, porque atacan a quien quieren, cuando quieren, y bajo las condiciones que ellos mismos impongan. Así que atacan primero y atacan cuando más les conviene. Desde el principio tienen ventaja táctica.

Los buenos disponen de ataques preventivos para… ¿Ataques preventivos? ¿Preventivo de qué? Si tienes motivos para creer que necesitas un ataque “preventivo”, es porque ya te han atacado, de una forma u otra. Entonces no es un ataque preventivo, sino una respuesta a un ataque previo. Si estás atacando a alguien que aún no te ha atacado, entonces no formas parte del bando de los buenos, sino de los malos, que atacan cuando quieren, como quieren y por intereses propios. Es decir, los buenos siempre son los que se defienden, los malos son quienes atacan.

Y si los buenos llevan las de perder, y los malos llevan las de ganar… Para sobrevivir en este mundo hay que ser de los malos, ser egoísta.

¿Por qué ser egoísta?

Para apoyar los argumentos anteriores crearemos una parábola parecida a la que utiliza Richard Dawkins en su “Gen Egoísta”. Imaginemos una población donde todo el mundo fuese bueno. En esta población de, llámemosles, hormigas, cualquier individuo de la misma ayuda a los demás sin pedir nada a cambio. La población entera se ve beneficiada de este comportamiento, ya que todo el mundo tiene no sólo garantizada su supervivencia (en forma de derechos fundamentales: comida, alojamiento, salud,…), sino que colabora por el bien común. El beneficio se reparte de forma equitativa entre todas las hormigas. La unión hace la fuerza.

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