El mundo y sus demonios

Un dragón invisible, incorpóreo y silencioso

Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre un dragón invisible,incorpóreo y flotante que escupe un fuego que no quema y un dragón inexistente? Si no hay manera de refutar mi opinión, si no hay ningún experimento válido contra ella, ¿qué significa decir que mi dragón existe? Su incapacidad de invalidar mi hipótesis no equivale en absoluto a demostrar que es cierta. Las afirmaciones que no pueden probarse, las aseveraciones inmunes a la refutación son verdaderamente inútiles, por mucho valor que puedan tener para inspirarnos o excitar nuestro sentido de maravilla. Lo que yo he pedido que haga es acabar aceptando, en ausencia de pruebas, lo que yo digo.

Carl Sagan, El Mundo y sus Demonios

(puedes encontrar un extracto más amplio en este enlace)

Todos nos hemos encontrado alguna vez con experiencias inexplicables que nos sorprenden, asombran o asustan. Copérnico se extrañaba de las sombras en la Luna, Newton no entendía por qué todo caía hacia abajo, Galileo veía cómo dos piedras de diferente tamaño caían a la vez, a Kepler no le encajaba el movimiento de las errantes,…

Pero todos estos ejemplos son ejemplos de comportamientos extraños y sorprendentes que pudieron ser comprobados como comportamientos reales, de algo tangible que sucedía. En nuestro día a día también nos encontramos con historias de terceros sobre experiencias extrañas y sobrenaturales que no tienen una explicación más allá de lo paranormal.

Cuando un homeópata te interpela y alude a que a miles de personas les funciona, como argumento para demostrar que la homeopatía es una ciencia y no un engaño, lo único que hace es ignorar las evidencias y pasar por alto todo el mecanismo que tiene la comunidad científica para revisar y comprobar los descubrimientos.

Hay que tener la mente abierta,

pero no tanto como para que se te caiga el cerebro

Richard Feynmann

El siguiente vídeo, aunque en inglés, explica de forma bastante clara la diferencia entre una mente abierta y un cerebro caído:

La comunidad del software libre tiene un funcionamiento similar al de la comunidad científica: Al tener el código publicado, puede ser revisado una y otra vez para corregir sus errores. En la ciencia, toda demostración o experimento tiene que poder ser reproducible bajo un ojo neutro, que pueda revivirlo y comprobarlo una y otra vez hasta asegurarse de que nada queda fuera de explicación.

No es de extrañar, por tanto, que la ciencia esté continuamente en renovación. Las famosas Leyes de Newton fueron sustituidas por la Teoría de la Relatividad, cuando las matemáticas avanzaron más y los aparatos tuvieron la suficiente precisión como para ver esos casi imperceptibles errores que se daban en casos concretos.

La ciencia nunca tiene problemas en reconocer sus errores y en poner al alcance de cualquiera (con suficiente tiempo e interés) las pruebas para demostrar que sus razonamientos y argumentos son reales y fiables.

En cambio, es bastante fácil distinguir cuando nos encontramos frente a un charlatán, o frente a alguien que cree sin pararse a comprobar sus fuentes. Las pulseras mágicas, por ejemplo, son un tema bastante actual. Puedes encontrar muchos artículos hablando de sus propiedades, pero ninguno de esos artículos será un artículo científico, revisado y comprobado una y otra vez por otros científicos desde un punto de vista neutral. Puede que hable de experimentos que prueben sus características, pero no encontrarás la forma de reproducir esos experimentos de forma unívoca y exacta. Quizás hagan referencia a artículos científicos, pero si los lees comprobarás que poco o nada tienen que ver con el producto en cuestión.

Un buen ejemplo de cómo podemos distinguir entre ciencia y paranormal se puede ver en los dos siguientes vídeos. Un grupo de escépticos retan a unos zahoríes a demostrar que su “magia” es real y funciona, con un resultado francamente predecible:

Es sorprendente cómo, a pesar de las evidencias, los zahoríes siguen creyendo que son efectivos.

El señor barbudo de los vídeos, James Randy, promueve una fundación que ofrece, desde hace muchos años, un suculento premio de un millón de dólares a quien pueda demostrar que lo paranormal existe, en cualquiera de sus formas. Una sencilla demostración en presencia de jueces neutrales bastaría para reclamarlo. A día de hoy, el premio sigue intacto.

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