Involución (o cómo autoextinguir tu especie)

Desde el principio, la evolución [1] [2] nos ha ido adaptando al medio, de forma que el ser humano se ha ido formando como tal. Millones de mutaciones en los genes, de las que sólo las más favorecedoras han ido prevaleciendo generación tras generación, haciendo que la especie avance y mejore, convirtiéndose en la especie dominante de nuestro planeta.

Pero en el estilo de vida del mundo moderno, sobre todo en las ciudades, ha hecho que nuestra evolución ya no sea como antes. Hoy en día, con la medicina, cualquiera puede tener hijos, incluso aquellos que en otras circunstancias no habrían tenido descendencia. Los individuos enfermizos sobreviven gracias a la medicina. Y no sólo sobreviven, sino que siguen esparciendo sus genes, haciendo que cada vez haya más individuos enfermizos. Richard Feynman cuenta en una de sus biografías que una vez preguntó en una reunión cuántos de los presentes seguirían vivos si no existiese la Medicina. La mayoría no levantó la mano.

Un individuo poco favorecido, poco agraciado físicamente y con un intelecto escaso, es decir, un individuo no atractivo de forma natural no hubiese podido reproducirse y sus genes, aquellos que le desfavorecían, hubieran desaparecido con él. Hoy en día, ese individuo tiene más probabilidades de reproducirse. No sólo gracias a la cirugía estética, sino gracias a las donaciones de semen y óvulos.

Después de esta reflexión nos planteamos cuestiones morales de difícil respuesta: ¿Debemos seguir como si no pasara nada, dejando que se extiendan los genes “menos favorecedores”? ¿Deberíamos revisar el ADN de todas las inseminaciones artificiales buscando una evolución artificial? ¿Debemos dejar que las inseminaciones artificiales sigan siendo anónimas? ¿Debemos fomentar la reproducción de los individuos “más favorecidos”? ¿Y en qué dirección deberíamos “evolucionar” nuestra especie? ¿Añadimos capacidades que no teníamos hasta ahora? ¿Qué consecuencias puede derivar?