Libertad

Eres libre.

A algunos esta afirmación les sonará trivial. A otros, les parecerá una broma de mal gusto. Pero muy pocos son conscientes de las verdaderas dimensiones de esa libertad.

Para empezar, hay que saber distinguir entre poder y libertad. Eres libre, pero no eres omnipotente. Eres libre de tirarte por el balcón agitando frenéticamente tus brazos pero no vas a poder volar. Querer hacer una cosa e intentarlo no es equivalente a poder conseguirlo. Sin embargo, eres perfectamente libre de intentarlo. Tienes libertad de acción y decisión, no de controlar las consecuencias de dichas acciones y decisiones.

Un pobre sirviente que le lavaba los pies al rey más poderoso, era libre de escupirle a la cara cuando quisiera. Sin embargo, las consecuencias de ese acto eran probablemente tan terribles que el sirviente prefería no hacerlo.

Sólo disponemos de cuatro principios de la moral:

  • El filosófico: haz el bien por el bien mismo, por respeto a la ley.
  • El religioso: hazlo porque es la voluntad de Dios, por amor a Dios.
  • El humano: hazlo porque tu bienestar lo requiere, por amor propio.
  • El político: hazlo porque lo requiere la prosperidad de la sociedad de la que formas parte, por amor a la sociedad y por consideración a ti

(Lichtenberg, Aforismos)

La histórica lucha por los derechos humanos ha ido ampliando tu poder de hacer cosas con las mínimas consecuencias. Pero tu libertad en sí misma, esa no podía ampliarla, porque ya era tuya desde un principio. Cuando aquella joven negra decidió sentarse entre los blancos del autobus estaba tomando una decisión libre. Sabía las consecuencias, pero era libre de sentarse allí. Y lo hizo. Las únicas leyes realmente limitantes son las Leyes de la Física.

Incluso el esclavo más torturado de Esparta era libre.

Hay un hecho del que somos aún menos cconscientes: estamos ejerciendo continuamente nuestra libertad. Cada elección, por pequeña e irrelevante que pueda parecer, es una acción más de nuestra libertad. Incluso cuando no eliges nada, estás eligiendo no hacer nada. Por tanto la pregunta que hay que hacerse no es si somos libres o no, sino si estamos ejerciendo nuestra libertad de forma correcta.

Cada una de nuestras decisiones tienen consecuencias. Decidir coger el autobus o ir en coche pueden parecer decisiones triviales. Sin embargo, sus consecuencias son muy diferentes, no  sólo a nivel de contaminación. Ir en coche puede significar una mayor agilidad, pero ir en autobus te puede permitir conocer gente que de otra forma no hubieras conocido.

Cada uno de nosotros es como una pequeña mariposa agitando frenéticamente sus alas. Un mal gesto puede llevar a una relación de enemistad profunda que más adelante te haga tropezar. En cambio, un buen gesto podría llevarte a una relación de amistad que más adelante te ofrezca una oportunidad de trabajo. La diferencia entre ambos futuros es un simple gesto. Nuestro libre albedrío nos guía.

Nadie puede ver el futuro, tiene demasiadas variables para poder ser procesado e interpretado con exactitud. Pero a cada paso que damos (y que no damos), vamos escogiendo diferentes caminos que se enlazan unos con otros. Es nuestra libertad quien escribe nuestro futuro. Somos nosotros mismos quienes decidimos lo que vamos o no vamos a vivir.

Eres libre. Tú verás lo que haces con tu libertad.

Bibliografía recomendada:

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