Descartes, El Discurso del Método, Sexta Parte

“Aunque a menudo haya explicado algunas de mis opiniones a personas de buenísimo ingenio y que mientras yo les hablaba parecían entenderlas con toda claridad, no obstante, cuando las han repetido he observado que las han cambiado casi siempre de tal suerte que no podía yo confesarlas por mías. Por eso quiero rogar a nuestros descendientes que no crean jamás las cosas que les digan que vienen de mí hasta que yo no las haya divulgado por mí mismo. Y que en modo alguno me asombro de las extravagancias que se atribuyen a todos esos antiguos filósofos, cuyos escritos no tenemos[…] sino que sólo nos los han referido mal.[…] [los seguidores] son como la hiedra, que no tiende a subir más alto que los árboles que la sostienen, e incluso, a menudo vuelve a bajar después de haber llegado hasta su cima[…] No obstante, esa forma de filosofar es muy cómoda para quienes sólo poseen espíritus muy mediocres, porque la oscuridad de las distinciones y de los principios de que se sirven les permite hablar de todo tan osadamente como si los supieran”