Utopía

No pocas veces, hablando de ideologías, está el realista de pies en el suelo que se ríe de quien cree y defiende las utopías. Porque, según ellos, perseguir una utopía es inútil. Porque es algo imposible de alcanzar.

Yo no puedo menos que estar en desacuerdo.

Para la supervivencia del día a día son necesarios hitos que vayan definiendo el camino. Hitos realistas y alcanzables. Hitos que no lleven a la desesperación. Pero estos hitos no están marcando las líneas generales. Estos hitos,  que pueden llevar años o décadas, no son más que soluciones temporales a un problema aún mayor. Y, al no haber un fin superior claro, un hito puede estar interfiriendo o incluso destrozando hitos anteriores.

Hay problemas que no podemos solucionar porque son inherentes a la naturaleza. La Tierra tiene un tamaño que nos da unos recursos finitos. Los humanos se dejarán llevar por sus sentimientos. No podemos controlar la naturaleza irracional del resto de seres vivos. Todos estos problemas son problemas cuya solución es inalcanzable.

Un realista diría que a lo único a lo que podemos aspirar frente a estos problemas es a soluciones parciales, porque no hay forma de solucionarlo. Pero cada una de esas soluciones, al pensarse ya limitadas, nacen muertas. Ninguna solución planteada como parcial podrá tener en cuenta el global y, por tanto, está condenada al fracaso.

Una utopía es como aquel punto en el que dos líneas paralelas se cruzan. Por mucho que corras siempre quedará algún detalle que pulir, nunca podrás alcanzarla. Pero te marca un camino. Te dice por dónde debes evolucionar para acercarte a esa solución imposible a un problema irresoluble.

Por ejemplo, el problema de la delincuencia. Puedes meter en la cárcel a los delincuentes. Puedes rehabilitarlos. Puedes educar desde la infancia en civismo. Puedes intentar que nadie pase penurias para que nadie se vea obligado a delinquir. Pero, probablemente, si enfocas cada una de esas soluciones de forma independiente, acabes pisando unas con otras. Puede que endurezcas las penas de cárcel y con ello quebrantes la rehabilitación. Puede que te centres en la educación y olvides que hay personas que se ven abocadas a la delincuencia por no tener otra forma de sobrevivir.

Si en vez de enfocar el problema como algo irresoluble, planteamos la utopía de que no exista la delincuencia, y afrontamos el problema de forma global y posible, hallaremos la combinación de todas esas soluciones parciales que nos acercarán más a la solución final. Dejaremos de centrarnos en el presente (encarcelar de forma perpetua e irremisible a todo aquel que delinca como castigo) para centrarnos en la solución futura (que no haya delincuentes que meter en la cárcel). Nunca alcanzaremos esta utopía porque siempre estará el imbécil que se corrompe o el psicópata al que no le importan los demás. Pero estaremos mucho más cerca de lo que estamos ahora. estaremos mucho mejor.

Defender una utopía no es más que defender una serie de hitos, uno detrás de otro, iterando hasta acercarse tanto a la solución final que se puedan controlar fácilmente las desviaciones.

Por eso, las leyes básicas y universales, como los Derechos Humanos o  la Constitución, deben ser escritas de forma general y simple. Esto es lo que queremos alcanzar. Sin detalle, abierto a interpretación. Porque no sabemos cómo vamos a evolucionar. Pero sabemos a dónde queremos evolucionar.

Rosa Parks, Neldon Mandela, Martin Luther King. Todos ellos consiguieron lo que consiguieron porque siguieron una utopía, un ideal en aquellos momentos inalcanzable. Todos ellos tuvieron que enfrentarse a esos realistas de pies en el suelo que no creían en su sueño. Gracias a sus utopías, el mundo ha mejorado.

Por eso, no puedo menos que compadecerme de aquellos realistas de pies en el suelo que se ríen de las utopías. Porque ellos siempre estarán limitados por lo que su mente les dice que es imposible de alcanzar.

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