Descartes, El Discurso del Método, Sexta Parte

“Y hace tres años, cuando había llegado al final del tratado que contiene todas estas cosas y comenzaba a revisarlo a fin de ponerlo entre las manos de un impresor, supe que personas a las que respeto […] habían desaprobado una opinión de física, publicada poco antes por otro, de la que no quiero decir que yo participara, pero en la cual antes de ser censurada no había observado yo nada que pudiera imaginar perjudicial para la religión ni para el Estado, ni, por consiguiente, que me hubiera impedido escribirla si la razón me hubiera convencido de ella; y esto me hizo temer que, de igual modo, podía encontrarse entre las mías algunas en la que me hubiera equivocado pese al gran cuidado que siempre he tenido.”

Sobre Galileo y la religión censora.

Descartes, El Discurso del Método, Quinta Parte

“Y en este punto me detuve particularmente para mostrar que si hubiera tales máquinas que usaran los órganos y la figura de un mono, o de algún otro animal irracional, no tendríamos medio alguno para reconocer que no eran en todo de igual naturaleza que estos animales; mientras que si las hubiera que tuviesen el parecido de nuestros cuerpos e imitasen tanto nuestras acciones como moralmente fuera posible, tendríamos siempre dos medios segurísimos para reconocer que no serían por ello verdaderos hombres. El primero de los cuales es que jamás podrían utilizar las palabras, ni otros signos para componerlas,  como nosotros hacemos para declarar a los demás nuestros pensamientos. […] Y el segundo es que aunque hagan muchas cosas igual de bien, o quizás mejor que algunos de nosotros, carecerían infaliblemente de otras[…]”

La prueba de Turing, 300 años antes.

Descartes, El Discurso del Método, Sexta Parte

“Aunque a menudo haya explicado algunas de mis opiniones a personas de buenísimo ingenio y que mientras yo les hablaba parecían entenderlas con toda claridad, no obstante, cuando las han repetido he observado que las han cambiado casi siempre de tal suerte que no podía yo confesarlas por mías. Por eso quiero rogar a nuestros descendientes que no crean jamás las cosas que les digan que vienen de mí hasta que yo no las haya divulgado por mí mismo. Y que en modo alguno me asombro de las extravagancias que se atribuyen a todos esos antiguos filósofos, cuyos escritos no tenemos[…] sino que sólo nos los han referido mal.[…] [los seguidores] son como la hiedra, que no tiende a subir más alto que los árboles que la sostienen, e incluso, a menudo vuelve a bajar después de haber llegado hasta su cima[…] No obstante, esa forma de filosofar es muy cómoda para quienes sólo poseen espíritus muy mediocres, porque la oscuridad de las distinciones y de los principios de que se sirven les permite hablar de todo tan osadamente como si los supieran”

Descartes, El Discurso del Método, Sexta Parte

“Pero tan pronto como hube adquirido algunas nociones generales sobre física y hube comenzado a experimentarlas en diversas dificultades particulares, observé hasta dónde puede conducir […] Podríamos emplearlos de igual forma en todos los usos que les son propios y así convertirnos como en dueños y poseedores de la naturaleza. cosa deseable no sólo por la invención de una infinidad de artificios, que harían que sin ningún esfuerzo, gozásemos de todos los frutos de la tierra y de todas las comodidades que en ella se encuentran, sino principalmente también por la conservación de la salud que es sin duda el primer bien y el fundamento de todos los demás bienes de esta vida.”

Descartes, El Discurso del Método, Primera Parte

“Cierto que, mientras no hice sino considerar las costumbres de los demás hombres, apenas encontré en ellas nada seguro, y que en ellas observaba casi tanta diversidad como antes había observado entre las opiniones de los filósofos. De suerte que el mayor provecho sacado era que […] aprendía a no creer demasiado firmemente nada de lo que no hubiera quedado convencido.”

Descartes, El Discurso del Método, Tercera Parte

“Es verdad muy cierta que, cuando no está en nuestro poder discernir las opiniones más verdaderas, debemos seguir las más probables; e incluso que aunque no encontremos mayor probabilidad en unas que en otras debemos, no obstante, decidirnos por algunas y considerarlas después no ya como dudosas, en cuanto referidas a la práctica, sino como muy verdaderas y muy seguras, debido a que la razón que nos ha hecho decidirnos por ellas lo es. Y eso bastó desde entonces para librarme de todos los arrepentimientos y remordimientos que suelen agitar las conciencias de esos espíritus débiles y vacilantes que se dejan ir, inconscientemente, a practicar como buenas cosas que luego juzgan malas.”

Descartes, El Discurso del Método, Segunda Parte

“Más, como hombre que camina solo y en las tinieblas, me decidí a caminar tan lentamente y a poner tanta circunspección en todo, que, aunque avanzara  solo muy poco, al menos me libraría mucho de caer. No quise siquiera comenzar rechazando completamente ninguna de las opiniones que antaño habían podido deslizar en mi espíritu sin haber sido introducidas por la razón, hasta después de pasar tiempo suficiente haciendo el proyecto de la obra que emprendía, y buscando el verdadero método para alcanzar el conocimiento de todas las cosas de que mi espíritu fuera capaz.”