Libre albedrío

En un artículo anterior hablabamos de la libertad inherente al ser humano. Hoy vamos a poner en duda dicha libertad, llegando probablemente a una de las mayores preguntas sin respuesta del ser humano: ¿existe el libre albedrío? Habíamos llegado a la conclusión de que el ser humano es libre por naturaleza, que las únicas leyes que no puede realmente saltarse son las Leyes de la Física.

Conocemos las Leyes de la Física: Sueltas una piedra y cae al suelo con aceleración g. Dos gases en una misma habitación acaban completamente mezclados. Un electrón tiene carga negativa. Un protón tiene carga positiva. Un neutrón no tiene carga. La energía y la masa son intercambiables.

La física nos indica cómo interaccionan unos objetos con otros. Si conocemos todas las variables, podemos predecir cómo se comportarán. Cuando tiramos un dado, conociendo su velocidad y eje de giro, su posición, la distancia hasta el suelo, el rozamiento del aire, la elasticidad del choque entre el dado y la superficie donde va a aterrizar,… podemos predecir exactamente cual será el resultado de la tirada. El azar no existe realmente.

Nuestro cerebro está formado por neuronas, las cuales responden a unos estímulos (ya sea de otras neuronas o de estímulos externos que nos llegan a través de los sentidos). Al fin y al cabo, nuestras neuronas siguen comportándose como ese dado que da vueltas hasta caer. Podríamos calcular (con un ordenador lo bastante potente y con las mediciones adecuadas) cuando, cuanto y cómo se activará una neurona en un cerebro humano. Ampliando esta idea, podríamos llegar a simular un cerebro entero… de forma que podríamos reproducir exactamente los mismos pensamientos e ideas que el cerebro original que estamos copiando. Tendríamos dos cerebros iguales comportándose exactamente igual. Podríamos predecir tus pensamientos. Incluso si en ese momento decidieras pensar en todo lo contrario para evitar esta intrusión, tu cerebro copia haría exactamente lo mismo.

Así mismo, podríamos intentar hacer una simulación por computador que calculase el futuro usando la física. Pero para poder hacer una simulación realista, necesitaríamos tener en cuenta todas las variables posibles, para no cometer ningún error. Tendríamos que tener en cuenta hasta el átomo más pequeño del universo. Pero nuestro computador tendría también que estar hecho de materia, utilizando los mismos átomos que va a estudiar para poder calcular su siguiente estado. Y si utilizamos todos los átomos del universo para dicha simulación, ¿no es nuestro universo ya esa misma simulación en tiempo real?

Quizás nuestra salvación sea la cuántica. Esa misteriosa corriente científica que nos deja algo de indeterminismo en las interacciones. Pero, ¿es realmente indeterminista o sólo es que no la entendemos? ¿Puede ser que no sea indeterminismo, sino que no hemos encontrado todavía la fórmula correcta?

Por tanto, es muy posible que la pregunta de si existe el libre albedrío no sea la que nos interese, ya que no puede proporcionarnos respuestas. Nos interesaría más saber algo cómo ¿nos importa si existe el libre albedrío, si desde nuestra percepción no podemos calcular el futuro? ¿Podría alguien alegar en un juicio que cometió un asesinato porque no tenía otra opción?

Libertad

Eres libre.

A algunos esta afirmación les sonará trivial. A otros, les parecerá una broma de mal gusto. Pero muy pocos son conscientes de las verdaderas dimensiones de esa libertad.

Para empezar, hay que saber distinguir entre poder y libertad. Eres libre, pero no eres omnipotente. Eres libre de tirarte por el balcón agitando frenéticamente tus brazos pero no vas a poder volar. Querer hacer una cosa e intentarlo no es equivalente a poder conseguirlo. Sin embargo, eres perfectamente libre de intentarlo. Tienes libertad de acción y decisión, no de controlar las consecuencias de dichas acciones y decisiones.

Un pobre sirviente que le lavaba los pies al rey más poderoso, era libre de escupirle a la cara cuando quisiera. Sin embargo, las consecuencias de ese acto eran probablemente tan terribles que el sirviente prefería no hacerlo.

Sólo disponemos de cuatro principios de la moral:

  • El filosófico: haz el bien por el bien mismo, por respeto a la ley.
  • El religioso: hazlo porque es la voluntad de Dios, por amor a Dios.
  • El humano: hazlo porque tu bienestar lo requiere, por amor propio.
  • El político: hazlo porque lo requiere la prosperidad de la sociedad de la que formas parte, por amor a la sociedad y por consideración a ti

(Lichtenberg, Aforismos)

La histórica lucha por los derechos humanos ha ido ampliando tu poder de hacer cosas con las mínimas consecuencias. Pero tu libertad en sí misma, esa no podía ampliarla, porque ya era tuya desde un principio. Cuando aquella joven negra decidió sentarse entre los blancos del autobus estaba tomando una decisión libre. Sabía las consecuencias, pero era libre de sentarse allí. Y lo hizo. Las únicas leyes realmente limitantes son las Leyes de la Física.

Incluso el esclavo más torturado de Esparta era libre.

Hay un hecho del que somos aún menos cconscientes: estamos ejerciendo continuamente nuestra libertad. Cada elección, por pequeña e irrelevante que pueda parecer, es una acción más de nuestra libertad. Incluso cuando no eliges nada, estás eligiendo no hacer nada. Por tanto la pregunta que hay que hacerse no es si somos libres o no, sino si estamos ejerciendo nuestra libertad de forma correcta.

Cada una de nuestras decisiones tienen consecuencias. Decidir coger el autobus o ir en coche pueden parecer decisiones triviales. Sin embargo, sus consecuencias son muy diferentes, no  sólo a nivel de contaminación. Ir en coche puede significar una mayor agilidad, pero ir en autobus te puede permitir conocer gente que de otra forma no hubieras conocido.

Cada uno de nosotros es como una pequeña mariposa agitando frenéticamente sus alas. Un mal gesto puede llevar a una relación de enemistad profunda que más adelante te haga tropezar. En cambio, un buen gesto podría llevarte a una relación de amistad que más adelante te ofrezca una oportunidad de trabajo. La diferencia entre ambos futuros es un simple gesto. Nuestro libre albedrío nos guía.

Nadie puede ver el futuro, tiene demasiadas variables para poder ser procesado e interpretado con exactitud. Pero a cada paso que damos (y que no damos), vamos escogiendo diferentes caminos que se enlazan unos con otros. Es nuestra libertad quien escribe nuestro futuro. Somos nosotros mismos quienes decidimos lo que vamos o no vamos a vivir.

Eres libre. Tú verás lo que haces con tu libertad.

Bibliografía recomendada:

Descartes, El Discurso del Método, Segunda Parte

“Más, como hombre que camina solo y en las tinieblas, me decidí a caminar tan lentamente y a poner tanta circunspección en todo, que, aunque avanzara  solo muy poco, al menos me libraría mucho de caer. No quise siquiera comenzar rechazando completamente ninguna de las opiniones que antaño habían podido deslizar en mi espíritu sin haber sido introducidas por la razón, hasta después de pasar tiempo suficiente haciendo el proyecto de la obra que emprendía, y buscando el verdadero método para alcanzar el conocimiento de todas las cosas de que mi espíritu fuera capaz.”

La Metamorfosis de Kafka

Me he iniciado en Kafka con su novela corta. Probablemente tenga muchas otras lecturas, pero esta primera sensación me ha dejado la suficiente huella como para querer comentarla. La lectura de La Metamorfosis me ha dejado un sabor amargo, de desazón, como cuando los coches se apartan amablemente para dejar pasar a una ambulancia y sin embargo ves que tras ella se lanza un egoísta que sólo quiere seguir su estela.

Entiendo perfectamente las reacciones del protagonista. La primera, cuando intenta disimular sus problemas centrándose en el día a día, buscando cobijo en la monotonía. Y entiendo sus reacciones posteriores, su depresión y su frustración. Me parecen la forma más natural de enfrentarse a su nueva situación, casi la única que tiene.

Sin embargo no logro entender el comportamiento de su familia. Dejando de lado el horror inicial que casi nadie podría reprimir, me decepciona sobremanera el hecho de que en ningún momento intenten establecer un contacto. Pero lo que más me frustra es que soy capaz de reconocer en ese comportamiento a muchas de las personas que conozco (por no decir la mayoría).

Quizás sea por mi educación del S.XXI, por mi afán científico, pero yo no hubiera dejado pasar los días sin intentar alguna forma de comunicación. Incluso el más basto “un golpe sí, dos no” hubiera bastado para que Greg pudiera comunicarse mediante sus patas. O si el lenguaje se hubiera perdido también en dirección a Greg, siempre podrían quedar otro tipo de lenguajes, más básicos:  la escritura, la música, la mímica,… Si ellos no podían, la ayuda de científicos o médicos podría haber sido útil, aunque sólo fuera para intentar comprender lo que ocurrió.

Pero es que aunque todo eso hubiese fallado, aunque no se hubiera podido reestablecer ni la más básica comunicación, si un ser querido se encuentra en esa situación y parece condenado a permanecer en ella, yo no hubiera podido dejarle de lado. ¿No hablan las personas con sus mascotas, aún sabiendo que difícilmente van a reconocer nada más allá del tono de la voz? ¿No hay jardineros que le cantan a sus plantas para que crezcan más fuertes? El dejar abandonado a Greg me parece de una crueldad casi inexplicable, sólo superada por el alivio final.

Lo que me decepciona no es la falta de amor de los personajes, sino que reconozco esa misma falta demasiado a menudo en nuestro entorno.

Ironía (John Locke)

“Concedo fácilmente que existe gran número de opiniones que son recibidas y adoptadas como primeros e incuestionables principios por hombres de países, educación y temperamento diferentes, aunque muchas, debido a su absurdidad y también a su oposición, es imposible que sean verdaderas. Sin embargo, todas estas proposiciones, tan lejanas de la razón, son tan sagradas en una parte u otra que incluso hombres de buen entendimiento en otros asuntos se desprenderían de sus vidas y de cuanto les es más querido antes que dudar de su verdad…”

John Locke, creyente en dios, Ensayo sobre el entendimiento humano, Libro I

El origen del conocimiento

Escoge una palabra cualquiera del diccionario. Busca su definición. Ahora escoge una palabra cualquiera de su definición y búscala también. Si sigues este proceso recursiva e infinitamente, eventualmente volverás a una de las palabras que ya habías buscado. Esto es porque los idiomas no son autocontenidos: no puedes definir completamente un idioma sólo usando este mismo idioma. No puedes aprender un idioma nuevo sólo con un diccionario. Necesitas referencias externas para poder comprenderlo.

Continúa leyendo El origen del conocimiento