Ateísmo – Asimov

Soy ateo, y punto. Me tomó mucho tiempo decirlo. He sido ateo por años y años, pero de alguna manera sentía que era intelectualmente poco respetable decir que uno era ateo, porque asumía un conocimiento que no tenía. De alguna manera era mejor decir que uno era humanista o agnóstico. Finalmente decidí que soy una criatura de emoción además de razón. Emocionalmente soy ateo. No tengo evidencia para probar que Dios no existe, pero sospecho tanto que no existe que no quiero perder el tiempo.

—Isaac Asimov (“Free Inquiry”, primavera de 1982, vol. 2, nº 2, p. 9)

El sistema insostenible

Erich Fromm tenía razón. Somos seres egoístas, solitarios y tenemos una autoestima tan baja que la mayoría de nosotros cree que un mundo igualitario es una utopía. No es un anacronismo, no es una herencia maldita de ninguna dictadura. Es un hecho.

Es increíble el incremento de parejas donde uno de los dos tiene una posición claramente dominante mientras el otro simplemente se deja arrastrar por los deseos del dominante. La raíz del maltrato. La raíz de muchos más problemas. Y ya no se esconden, ya no queda la mujer (o el hombre) en casa con la pata quebrada. Ahora lucen orgullosos sus heridas de guerra y sometimiento, como si ser sometido fuese señal unívoca de amor.

No estamos preparados para una relación de iguales. No sabemos cómo tratar al otro. Es un extraño, un ser alienado con el que no sabemos comunicarnos. Vivimos en un egoísta solipsismo virtual que nos impide darnos cuenta de la realidad más básica: todos estamos igual de solos.

“¿Cual será el secreto para mantener una relación sana durante tanto tiempo?”

“La comunicación. Saber que el otro no hace las cosas para joderte. Confianza mutua.”

Utopía.”

“Otra vez”

Por eso no funciona este sistema capitalista en el que las empresas sólo valoran a sus empleados cuando estos lanzan el órdago de que otra empresa les ofrece algo mejor. Por eso los empleados están más preocupados de que su empresa quiera sustituirles por otro, en vez de centrarse en la solidaridad obrera. Por eso nada funciona como debería. Por eso la teoría es errónea.

¿En serio necesitamos que nos amenace alguien de fuera para poder entenderlo?

Dame lo que me  corresponde, sin esperar a que yo te lo pida, y yo me centraré en hacer mi parte lo mejor posible, sin distracciones. Sin buscarte el mal. ¿Nadie entiende este concepto tan simple? Tuvo que venir alguien de una realidad paralela a explicarnos teoría de juegos y el dilema del prisionero. Y no le creíamos. No estábamos preparados para creerle. Seguimos sin aplicar su conocimiento.

Así que seguimos adelante sin darnos cuenta de que cada vez que nos pisoteamos unos a otros, estamos dando ventaja a los que saben aprovecharse de la situación. Seguimos sin querer escuchar lo que el otro tiene que decirnos, que no es más que un reflejo de nuestros propios pensamientos.

https://www.youtube.com/watch?v=KRzMtlZjXpU

Ateísmo y Muerte – Asimov

Aunque me acerco al momento de la muerte, no me asusta morir e irme al infierno, o (lo cual sería mucho peor) ir a la versión popularizada del cielo. Espero que la muerte sea una nada, y por quitarme todo tipo de miedo hacia a la muerte estoy agradecido al ateísmo.

—Isaac Asimov (“Sobre la religiosidad”)

Ten fé

Y tú sabrás que mi nombre es Yahveh cuando mi venganza caiga sobre tí.

Pulp Fiction, cita falsa de la Biblia.

Desde pequeña, había películas que me hacían sentir mal. Eran películas en su mayoría taquilleras, de argumento clásico, sin nada que las hiciera destacar sobre las otras. Pero yo me sentía extraña mientras las veía. Por alguna razón, no podía terminar de sentirme cómoda con el personaje principal. Tardé mucho tiempo en darme cuenta de que el motivo por el que sentía que rechazaba estas películas estaba en su moraleja. Una moraleja tan sutil, tan bien disfrazada, que mientras mi subconsciente protestaba, mi consciente no sabía encontrar el problema.

La fé en vuestro aprendiz, equivocada puede estar, al igual que vuestra fé en el lado oscuro de la Fuerza.

Batalla final entre Darth Sidious y Yoda.

Es increíble el número de películas que te instan a tener fé. En algún dios, en el destino, en tus amigos, ¡incluso en tus enemigos! El caso es tener fé. Porque aquellos que tienen fé serán recompensados con aquello que anhelan. Porque tener fé es bueno.

 You’ll hunt me. You’ll condemn me, set the dogs on me. Because that’s what needs to happen. Because sometimes… the truth isn’t good enough. Sometimes people deserve more. Sometimes people deserve to have their faith rewarded.

The Dark Knight

¿En qué momento perdimos el rumbo? ¿En qué momento la fé ciega se convirtió en algo bueno? Puedo comprender que algunos personajes consideren que la fé es algo bueno, pues hay gente religiosa que así lo considera. Pero, ¿todos? ¿Por qué se ha convertido en un tabú algo tan obvio?

“¿Y tú, en qué crees?”, le pregunta Seeley Booth a Bones, uno de los personajes más 400px-Emily_Deschanelracionales que ha parido guionista alguno. Y, para mi sorpresa, la contestación no es una explicación racional de por qué no cree en nada. Ni tampoco es una mirada compasiva intentando buscar una forma de hacerle ver que no todo el mundo tiene que “creer” en algo. Que creer a ciegas no es bueno. En vez de eso, la racional paleontóloga forense se rebaja y pone el conocimiento científico al mismo nivel que la fé, como si fueran comparables.

¿Cómo es posible? ¿Es que nadie va a dar el golpe en la mesa y abrir la veda a la racionalidad? ¿Es que nadie tiene un poco de sentido común?

Su carencia de fé resulta molesta.

Darth Vader, maestro jedi y sith oscuro.

Años atrás, en el colegio, “salí del armario” y aclaré que no, que no era agnóstica ni vaga a la hora de ir a clase de religión. Es que yo era atea. Después de algunas primeras muestras de confusión, finalmente me vinieron a preguntar si era cierto que yo adoraba a Satanás y que tenía un libro negro de brujería que sustituía a su Biblia. “Se están burlando de mí”, fue lo primero que pensé. Pero no. Realmente creían que era imposible no creer en nada. Creían que yo, por fuerza, tenía que creer en algo. En su mundo de fé inculcada, alguien que no tenía fé en nada tenía que ser erróneo por fuerza. Que les escondía algo.

If you could reason with religious people, there would be no religious people.

Doctor House

No me extraña la cantidad de embaucadores y farsantes que triunfan en este mundo, donde confiar ciegamente sin pruebas en algo se considera algo bueno. Ten fé, nos repiten desde pequeños. Ten fé, en lo que sea, pero ten fé. Porque aquellos que no tienen fé son los malos, los que no conseguirán sus objetivos. Si el protagonista no tiene fé, fracasará al intentar parar los planes del malo. Y si el malo fracasa, es porque no tenía fé.

Si hablas con dios eres religioso. Si dios habla contigo, eres esquizofrénico.

Doctor House

Es sutil, pero a partir de ahora, fíjate en el mensaje oculto. Está ahí, escondido de muchas maneras. Como esperanza (irracional) de que las cosas mejorarán. Como confianza ciega en algún otro personaje relevante que previamente ha sembrado dudas en el protagonista (y por tanto le pide una fé irracional, pues el raciocinio le dicta que desconfíe de él). La idea de la fé lleva tanto tiempo entre nosotros que ya ni siquiera nos resulta extraña. Pero lo es.

Dí no a la fé.

Al parecer, no soy la única que se ha dado cuenta.

Naturaleza – Arsuaga

Sólo a partir de Darwin se ha comprendido que no somos la especie elegida, sino como dice Robert Foley, una especie única entre muchas especies únicas, aunque eso sí, maravillosamente inteligente. Y no deja de ser paradójico que tantos años de ciencia nos hallan llevado a saber algo que cualquier bosquimano del Kalahari, cualquier aborigen australiano, o cualquiera de nuestros antepasados que pintaron la cueva de Altamira conocía de sobra: Que la Tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la Tierra.

—Juan Luis Arsuaga, (1954- ) paleoantropólogo español.

Feminismo en Tristán

El problema de mi vida me anonada más cuanto más pienso en él. Quiero ser algo en el mundo, cultivar un arte, vivir de mí misma. El desaliento me abruma. ¿Será verdad, Dios mío, que pretendo un imposible? Quiero tener una profesión, y no sirvo para nada, ni sé nada de cosa alguna. Esto es horrendo.

Aspiro a no depender de nadie, ni del hombre que adoro. No quiero ser su manceba, tipo innoble, la hembra que mantienen algunos individuos para que les divierta, como un perro de caza; ni tampoco que el hombre de mis ilusiones se me convierta en marido. No veo la felicidad en el matrimonio. Quiero, para expresarlo a mi manera, estar casada conmigo misma, y ser mi propia cabeza de familia. No sabré amar por obligación; sólo en la libertad comprendo mi fe constante y mi adhesión sin límites. Protesto, me da la gana de protestar contra los hombres, que se han cogido todo el mundo por suyo, y no nos han dejado a nosotras más que las veredas estrechitas por donde ellos no saben andar…

Estoy cargante, ¿verdad? No hagas caso de mí. ¡Qué locuras! No sé lo que pienso ni lo que escribo; mi cabeza es un nidal de disparates. ¡Pobre de mí! Compadéceme; hazme burla… Manda que me pongan la camisa de fuerza y que me encierren en una jaula. Hoy no puedo escribirte ninguna broma, no está la masa para rosquillas. No sé más que llorar, y este papel te lleva un botiquín de lágrimas. Dime tú: ¿por qué he nacido? ¿Por qué no me quedé allá, en el regazo de la señora nada, tan hermosa, tan tranquila, tan dormilona, tan…? No sé acabar.

Tristán, Benito Pérez Galdós.