Sadismo y masoquismo

Dice Erich Fromm en su El Miedo a la Libertad que todos somos en cierto modo sádicos y masoquistas, porque esto es lo único que nos ayuda a superar la soledad y el aislamiento que sentimos como personas individuales. Aunque creo que en libros posteriores desdice parte de este razonamiento, me sirve como punto de partida para un análisis sobre esta idea.

Según Fromm, este masoquismo puede manifestarse de múltiples formas: la rendición a un ser superior que te protege o te castiga (dios), la rendición a las convenciones sociales, la rendición al jefe, la rendición al amante,… Incluso llega a sugerir que las relaciones amorosas no son sino un reflejo más de este sadismo, donde el amante (masoquista) se somete al amado (sádico) en un acto de despersonalización.

En principio, la explicación a este fenómeno es bastante lógica y no es necesario leer a Fromm para llegar a la misma conclusión. Cuando el ser humano se siente solo y aislado, busca la forma de conectar con una o más personas, intentando de esta forma disminuir su soledad.

La forma más rápida de conseguir esta evasión de la soledad es unirse a un grupo que, mediante rituales de iniciación y reuniones periódicas, den al individuo la sensación de pertenecer a algo mayor que sí mismo. La pérdida de libertad que supone la unión a este grupo será para el individuo un precio menor a pagar por sentirse menos solo. Es por esto que los fenómenos de sectas y grupos religiosos son tan comunes a más vaya avanzando la sociedad en cuestión de libertades personales.

Porque esta sensación de soledad, como bien nos indica Fromm, no es sino un efecto de que cada vez el ser humano tiene más y más libertad para hacer o pensar lo que quiera. Esta libertad le proporciona individualidad, le da más espacio a su personalidad y le permite desarrollarse de forma única e independiente. Pero al tener más posibilidades, también le aleja del resto de seres humanos, porque cada uno escogerá su propio camino, separándose del resto.

La comparación más recurrente en El Miedo a la Libertad es con la Edad Media, donde un artesano tenía poca libertad para desarrollar su personalidad, pero que, sin embargo, tenía un fuerte sentimiento de pertenencia a su familia, a su pueblo, a su gremio y a su religión. Su vida estaba perfectamente marcada desde el momento de su nacimiento, pero en ningún momento se sentiría solo. Estaría acompañado durante todo el camino. Sus pesares y sus preocupaciones eran comunes a los pesares y preocupaciones de sus allegados.

Hoy en día, con las victorias en relación a los derechos humanos y las libertades individuales, hemos alcanzado un punto en el que la vida de un ser humano es una hoja en blanco en el momento de su nacimiento. Pero resulta cuanto menos curioso observar cómo estos mismos individuos, cuyo destino está sin escribir, se esfuerzan por despersonalizarse hasta el punto de que su mayor aspiración es convertirse en el “ciudadano medio”, sin destacar ni sobresalir por nada que no sea lo previamente pactado (está bien sobresalir por tener un buen sueldo, pero no por tener aficiones “raras”).

El ser humano, la sociedad en general, no está educada para saber manejar esta avalancha de libertades que tiene entre sus manos. La solución no es, sin embargo, limitar estas libertades. La solución está en aprender a usarlas, con responsabilidad pero sin miedo, de forma que los individuos puedan hacer uso de sus libertades sin sufrir el miedo a la soledad y el aislamiento.

Sin embargo, creo que Fromm se equivoca al considerar que todos somos sádicos o masoquistas. No todas las relaciones se basan en la rendición de un masoquista a un sádico. También existen las relaciones en las que, partiendo del conocimiento del mutuo aislamiento y soledad que experimentan los individuos, se puede llegar a un acuerdo de responsabilidad y compromiso donde ambas partes por igual se ayuden para aliviar esta soledad. No hablo sólo de relaciones amorosas, también hablo de relaciones de amistad, vecindad o incluso laborales, dado el caso.

Probablemente Fromm no tuvo en cuenta (al menos en este primer libro) este tipo de relaciones que sin embargo yo veo tan obvias por un hecho muy simple: Nos separan sesenta años de madurez social. Estamos aprendiendo a manejar nuestras libertades.

Aunque, es cierto, siempre  habrá que ceder parte de la libertad (o libre albedrío) para poder pactar relaciones con otros individuos. Al menos de momento.

Psicopatía

Psicopatía. Psicópatas. Creo que a todos se nos viene a la mente algún personaje de ficción que encaja en ese perfil. Alguien cruel y despiadado, probablemente con un aura que le hace ser atractivo de alguna forma.

Aunque en sus inicios fue considerada como una enfermedad mental, desde la cuarta edición del DSM (decálogo de la psiquiatría), es clasificado como un trastorno de la personalidad. Es decir, no hay una “cura” como tal, no es una enfermedad que pueda arreglarse. Un psicópata es un psicópata y no hay manera de cambiar eso.

Un psicópata, entre otras muchas características, es alguien que es incapaz de sentir. No es capaz de empatizar ni de emocionarse. No conecta con nadie. Internamente es alguien solitario e independiente, con una vida perfectamente planificada y ordenada. Nunca dará un paso sin haberlo meditado previamente, no tendrá cabida la improvisación, porque improvisar es un acto muy relacionado con las emociones. Si hace daño a alguien por el camino, no sentirá remordimientos.

Al no poder sentir, su concepción del bien y del mal se vuelve ambigua. Si respeta las leyes no es porque crea que son buenas para él o para los demás, sino porque no quiere acabar en la cárcel. Si se integra en la sociedad no es porque quiera interaccionar con la gente, sino porque la sociedad le proporciona algo (sea seguridad, bienestar,oportunidades,…) que de otra forma no podría obtener. El mundo se convierte en un tablero donde todos son vulnerables menos él. Al no tener sentimientos, el psicópata puede manipular a su antojo a esos pobres sentimentales que le rodean, que acabarán trabajando para sus fines egoistas. Es un error muy común identificar a un psicópata con alguien torpe y asocial. Pero esto no es así en absoluto. Un psicópata entiende las emociones y los sentimientos, hasta el punto de ser perfectamente capaz de simularlos en la vida real, como si realmente los sintiese. Al ojo inexperto, podría hasta resultar alguien excesivamente emocional.

Por poner un ejemplo que todos podamos conocer sin ofender a nadie, personalmente identificaría a un psicópata con Sheldon o con Dexter. Por supuesto, son personajes de ficción que no se ajustan al perfil exacto de un psicópata, pero pueden servir para dar una aproximación de lo que podría ser. Dexter se muestra confuso y torpe en las relaciones sociales, aunque aprende detalles como llevar donuts por las mañanas para ganarse la simpatía de sus compañeros de trabajo. Por su parte, Sheldon analiza y comprende perfectamente las relaciones humanas, sin llegar realmente a experimentarlas. Un psicópata real sería una mezcla de ambos, con el poder de análisis de Sheldon y la capacidad de actuación de Dexter.

El 1% de la población es psicópata. Es decir, probablemente a lo largo de tu vida llegues a mantener una relación cercana con uno o dos de ellos. Probablemente conoces a más de uno. No suelen esconderse, están a la vista, pavoneándose delante tuya, deseando que les prestes tu atención. Así que sí, vas a encontrarte con más de uno. Vas a tenerlo como amigo, vas a ir a emborracharte con él y puede que hasta seas testigo en su boda. Quizás en algún momento te pares a examinarlo porque haga algún gesto de más (o de menos) que te descoloque y no te encaje en su comportamiento. Algo que y yo no habríamos hecho en su lugar. Pero todo el mundo tiene salidas extrañas, ¿verdad? ¿Cómo puede ser un psicópata? El psicópata serías tú, por ser tan cruel de pensar algo así.

Pero el psicópata no será tu amigo porque se sienta a gusto contigo. El psicópata siempre tiene algo en mente. Quizás esté buscando algún contacto que tengas a mano. Quizás es porque te considera un objeto de estudio y a imitar. O quizás sólo te esté manipulando para dar apariencia sociable. Pero siempre tendrá algún motivo personal y egoísta para relacionarse contigo. Si no le salieras rentable, no estaría a tu lado. Y mientras su manipulación no te esté afectando negativamente ¿te importaría?

Para los fans de Punset, tiene un programa de Redes bastante divulgativo sobre el tema:

Para terminar voy a mencionar un trastorno que se suele confundir con la psicopatía: la alexitimia. Este trastorno es sorprendentemente frecuente (una de cada siete personas) e impide a la persona distinguir y entender sus propios sentimientos. No significa que no tenga sentimientos como en el caso del psicópata, simplemente que no los comprende, no es capaz de saber lo que siente.

Ley de Malthus

A día de hoy, con más de seis mil millones de habitantes, la raza humana sigue su crecimiento sin freno y se prevee que alcancemos los siete mil millones a lo largo de 2011. La Tierra nunca ha estado tan poblada de seres humanos, ni se le ha exigido tanta producción de alimentos.

Curva de la población mundial

Thomas Malthus (aka El Gran Pesimista) fue un sacerdote economista que publicó en 1798 un ensayo sobre el crecimiento mundial que a día de hoy sigue siendo base para algunas teorías demográficas. Este ensayo aparece en plena Ilustración, en la misma época que Adam Smith terminaba de delinear lo que sería el capitalismo. Su estudio se basa en un análisis del crecimiento de la población (geométrica) frente al crecimiento de la producción de los alimentos (aritmética). De forma bastante lógica concluyó que, si el crecimiento de la población era considerablemente mayor que el crecimiento de la producción de alimentos, llegaría un momento en el que no hubiese suficientes alimentos para toda la población mundial (afectando incluso a países del primer mundo), provocando hambruna, crisis y guerras.

Aunque Malthus predijo que la catástrofe llegaría en 1880, no tuvo en cuenta en sus cálculos el avance de la tecnología, que permitió, mediante la industrialización, aumentar la producción de alimentos más rápidamente, de forma parecida a como funciona la Ley de Moore en la tecnología. Pero aún cuando la revolución industrial permitió retrasar la fecha límite, sus consideraciones básicas siguen siendo válidas: si la población mundial sigue creciendo a este ritmo, nada podrá impedir que en unas pocas generaciones acabemos pasando hambre.

Aunque sus teorías se podrían tachar, con razón, de catastrofistas, es de destacar que economistas de todo el espectro lo han utilizado para desarrollar sus teorías (desde Marx, que lo tachaba de enemigo del pueblo por sus medidas contra la natalidad, a Keynes).

¿Cómo podríamos impedir este fatal desenlace?


Tasa de Fertilidad por Países

Cualquier medida que podamos tomar para acelerar la producción de alimentos será sólo un parche para retrasar lo inevitable. El crecimiento mundial seguirá siendo mucho más potente que el crecimiento de alimentos.

Como buen sacerdote, Malthus propuso frenar la natalidad con fidelidad, castidad antes del matrimonio y matrimonios tardíos.

En algunos países se han intentado llevar a cabo políticas de control de la natalidad que, aunque muy efectivas, son un claro menoscabo a los derechos fundamentales del ser humano. No deberían ser la solución final a este problema.

Sin embargo, quizás la solución más sencilla pase por aumentar el alfabetismo de la población. Existen estudios que relacionan una mayor inteligencia con una menor natalidad. El problema está, claro, en que esta medida ni es instantánea como puede ser una ley anti-natalidad, ni suele ser del gusto de los gobiernos, que prefieren mantener a su rebaño inculto.

Acompañando a los malthusianos, tenemos a quienes ya preveen que el fin de la prosperidad está cerca, y se están armando para tener la mejor posición en la próxima gran guerra. Es lo que en algunos medios ya se denomina como la burbuja alimentaria, debido a su triste similitud con la burbuja inmobiliaria. Si son ciertos estos movimientos, la crisis malthusiana podría encontrarse más cerca de lo que nos tememos, debido a una escasez artificial de la producción de alimentos.

¿Seremos capaces de evitar la catástrofe?

Libre albedrío

En un artículo anterior hablabamos de la libertad inherente al ser humano. Hoy vamos a poner en duda dicha libertad, llegando probablemente a una de las mayores preguntas sin respuesta del ser humano: ¿existe el libre albedrío? Habíamos llegado a la conclusión de que el ser humano es libre por naturaleza, que las únicas leyes que no puede realmente saltarse son las Leyes de la Física.

Conocemos las Leyes de la Física: Sueltas una piedra y cae al suelo con aceleración g. Dos gases en una misma habitación acaban completamente mezclados. Un electrón tiene carga negativa. Un protón tiene carga positiva. Un neutrón no tiene carga. La energía y la masa son intercambiables.

La física nos indica cómo interaccionan unos objetos con otros. Si conocemos todas las variables, podemos predecir cómo se comportarán. Cuando tiramos un dado, conociendo su velocidad y eje de giro, su posición, la distancia hasta el suelo, el rozamiento del aire, la elasticidad del choque entre el dado y la superficie donde va a aterrizar,… podemos predecir exactamente cual será el resultado de la tirada. El azar no existe realmente.

Nuestro cerebro está formado por neuronas, las cuales responden a unos estímulos (ya sea de otras neuronas o de estímulos externos que nos llegan a través de los sentidos). Al fin y al cabo, nuestras neuronas siguen comportándose como ese dado que da vueltas hasta caer. Podríamos calcular (con un ordenador lo bastante potente y con las mediciones adecuadas) cuando, cuanto y cómo se activará una neurona en un cerebro humano. Ampliando esta idea, podríamos llegar a simular un cerebro entero… de forma que podríamos reproducir exactamente los mismos pensamientos e ideas que el cerebro original que estamos copiando. Tendríamos dos cerebros iguales comportándose exactamente igual. Podríamos predecir tus pensamientos. Incluso si en ese momento decidieras pensar en todo lo contrario para evitar esta intrusión, tu cerebro copia haría exactamente lo mismo.

Así mismo, podríamos intentar hacer una simulación por computador que calculase el futuro usando la física. Pero para poder hacer una simulación realista, necesitaríamos tener en cuenta todas las variables posibles, para no cometer ningún error. Tendríamos que tener en cuenta hasta el átomo más pequeño del universo. Pero nuestro computador tendría también que estar hecho de materia, utilizando los mismos átomos que va a estudiar para poder calcular su siguiente estado. Y si utilizamos todos los átomos del universo para dicha simulación, ¿no es nuestro universo ya esa misma simulación en tiempo real?

Quizás nuestra salvación sea la cuántica. Esa misteriosa corriente científica que nos deja algo de indeterminismo en las interacciones. Pero, ¿es realmente indeterminista o sólo es que no la entendemos? ¿Puede ser que no sea indeterminismo, sino que no hemos encontrado todavía la fórmula correcta?

Por tanto, es muy posible que la pregunta de si existe el libre albedrío no sea la que nos interese, ya que no puede proporcionarnos respuestas. Nos interesaría más saber algo cómo ¿nos importa si existe el libre albedrío, si desde nuestra percepción no podemos calcular el futuro? ¿Podría alguien alegar en un juicio que cometió un asesinato porque no tenía otra opción?

Involución (o cómo autoextinguir tu especie)

Desde el principio, la evolución [1] [2] nos ha ido adaptando al medio, de forma que el ser humano se ha ido formando como tal. Millones de mutaciones en los genes, de las que sólo las más favorecedoras han ido prevaleciendo generación tras generación, haciendo que la especie avance y mejore, convirtiéndose en la especie dominante de nuestro planeta.

Pero en el estilo de vida del mundo moderno, sobre todo en las ciudades, ha hecho que nuestra evolución ya no sea como antes. Hoy en día, con la medicina, cualquiera puede tener hijos, incluso aquellos que en otras circunstancias no habrían tenido descendencia. Los individuos enfermizos sobreviven gracias a la medicina. Y no sólo sobreviven, sino que siguen esparciendo sus genes, haciendo que cada vez haya más individuos enfermizos. Richard Feynman cuenta en una de sus biografías que una vez preguntó en una reunión cuántos de los presentes seguirían vivos si no existiese la Medicina. La mayoría no levantó la mano.

Un individuo poco favorecido, poco agraciado físicamente y con un intelecto escaso, es decir, un individuo no atractivo de forma natural no hubiese podido reproducirse y sus genes, aquellos que le desfavorecían, hubieran desaparecido con él. Hoy en día, ese individuo tiene más probabilidades de reproducirse. No sólo gracias a la cirugía estética, sino gracias a las donaciones de semen y óvulos.

Después de esta reflexión nos planteamos cuestiones morales de difícil respuesta: ¿Debemos seguir como si no pasara nada, dejando que se extiendan los genes “menos favorecedores”? ¿Deberíamos revisar el ADN de todas las inseminaciones artificiales buscando una evolución artificial? ¿Debemos dejar que las inseminaciones artificiales sigan siendo anónimas? ¿Debemos fomentar la reproducción de los individuos “más favorecidos”? ¿Y en qué dirección deberíamos “evolucionar” nuestra especie? ¿Añadimos capacidades que no teníamos hasta ahora? ¿Qué consecuencias puede derivar?

Nucleares sí, nucleares no

Mucho se habla últimamente sobre el problema de las centrales nucleares. Parece que el tema se reduce a si eres un ecologista recalcitrante que quiere cerrar las nucleares a toda costa o si eres un alien radiactivo que se alimenta de móviles. Sin embargo, el problema es mucho más profundo de lo que pueda parecer.

No toda la radiación es artificial, existe radiación natural que nos rodea, porque existen elementos radiológicos en la naturaleza. El promedio medido a nivel del mar es de 0,00012 mSv/h (0,012 mrem/h) y la radiación natural del medio ambiente es cercana a los 0,0024 Sv.

Para poder entender mejor de lo que hablamos, en la siguiente tabla extraída de la wikipedia podemos comparar qué efectos tendría la radiación sobre el cuerpo humano:

Dosis (Sv) Efectos
0,05 a 0,2 Sin síntomas. Algunos autores consideran que existe riesgo potencial de cáncer o alteraciones genéticas, aunque no hay consenso en este tema.
0,2 a 0,5 El número de glóbulos rojos disminuye temporalmente
0,5 a 1 Enfermedad por radiación leve produciendo dolor de cabeza y mayor riesgo de infección. Puede producir esterilidad masculina temporal.
1 a 2 Envenenamiento ligero por radiación, mortandad del 10% después de 30 días
2 a 3 Envenenamiento severo por radiación, mortandad del 35% después de 30 días (DL 35/30).
3 a 4 Envenenamiento severo por radiación, mortandad del 50% después de 30 días (DL 50/30). Con dosis de 200 a 300 rad puede producir hemorragias en boca, bajo la piel y los riñones (probabilidad del 50% con 400 rad).
4 a 6 Envenenamiento agudo por radiación, mortandad del 60% después de 30 días (DL 60/30). La mortandad aumenta desde el 60% con 450 rad hasta el 90% con 600 rad (a menos que exista un cuidado médico intensivo)
6 a 10 Envenenamiento agudo por radiación, mortandad del 100% después de 14 días (DL 100/14). La supervivencia depende de los cuidados médicos intensivos recibidos.
10 a 50 Envenenamiento agudo por radiación, mortandad del 100% después de 7 días (DL 100/7). Una dosis de este nivel conduce a síntomas espontáneos después de 5 a 30 minutos.
50 a 80 Se produce desorientación y coma inmediato en segundos o minutos. La muerte se produce a las pocas horas por colapso total del sistema nervioso

Los trabajadores de centrales nucleares y hospital están siempre controlados por dosímetros. Legalmente, el ser humano no debe estar expuesto a más de 0,100 Sv durante un periodo de cinco años, no permitiendo más de 0,050Sv en un solo año. Es decir, que legalmente, nos estamos situando al principio de la primera fila de la tabla, en la que ni siquiera está demostrado que tenga efectos sobre el cuerpo humano.

Como comparación, saber que una radiografía equivale a 0.0002Sv, y que en las cercanías de una central nuclear no se detecta más de 0,001Sv al año (bastante por debajo del límite legal y del límite a partir del cual empiezan los efectos de la radiación). Casi despreciable cuando se compara con la radiación natural.

Es decir, vivir cerca de una central nuclear puede ser equivalente a unas cinco radiografías en un año. Radiación que médicos y enfermeros sufren colateralmente sin que nadie se lleve las manos a la cabeza. Esto es, los trabajadores de una central nuclear están sometidos a una radiación probablemente equivalente a los cirujanos que necesiten de Rayos X para operar (depende de qué tipo de trabajador y qué tipo de cirujano).

Cuando el argumento es válido para cerrar una central nuclear y sin embargo no es válido para cerrar un hospital, cabe preguntarse si el problema está realmente en la central nuclear o en los miedos que nos inculcan los lobbies.

Muchos aluden al fantasma de Chernóbil como ejemplo de accidente nuclear catastrófico. Lo que no suelen comentar es que dicho accidente fue debido a un error humano muy grave, casi premeditado. Viendo la lista de accidentes nucleares y teniendo en cuenta que actualmente hay casi medio millar de centrales nucleares en funcionamiento, la conclusión más lógica que podemos extraer es que las centrales nucleares son seguras. Los accidentes son pocos y muy controlados.

¿Deberíamos sustituir las centrales nucleares? Indudablemente, sería mucho mejor sustituirlas por métodos más ecológicos y seguros, y se investiga para ello. Pero a día de hoy la pregunta no es si cerramos o no las centrales nucleares. La pregunta es si podemos permitirnos cerrarlas sin volver a la Edad Media.

Actualización: Más información sobre Chernóbyl y el por qué de su explosión en este enlace.

Come to the dark side… we have cookies!

El lado oscuro siempre gana. Es un hecho, aunque debido a que la historia la escriben los vencedores, no siempre somos conscientes de hasta qué punto esto es así. Los buenos siempre tienen todas las de perder.

malos contra buenos
malos contra buenos

Para empezar, quien golpea primero, golpea dos veces. Además, la mejor defensa es un buen ataque, sobre todo si este ataque pilla por sorpresa al enemigo. Una buena persona nunca atacará si no es amenazada, porque por definición, alguien que utiliza la violencia sin un motivo real y contundente no puede ser calificado de bueno. En cambio, los malos no necesitan motivos para atacar, por eso son los malos, porque atacan a quien quieren, cuando quieren, y bajo las condiciones que ellos mismos impongan. Así que atacan primero y atacan cuando más les conviene. Desde el principio tienen ventaja táctica.

Los buenos disponen de ataques preventivos para… ¿Ataques preventivos? ¿Preventivo de qué? Si tienes motivos para creer que necesitas un ataque “preventivo”, es porque ya te han atacado, de una forma u otra. Entonces no es un ataque preventivo, sino una respuesta a un ataque previo. Si estás atacando a alguien que aún no te ha atacado, entonces no formas parte del bando de los buenos, sino de los malos, que atacan cuando quieren, como quieren y por intereses propios. Es decir, los buenos siempre son los que se defienden, los malos son quienes atacan.

Y si los buenos llevan las de perder, y los malos llevan las de ganar… Para sobrevivir en este mundo hay que ser de los malos, ser egoísta.

¿Por qué ser egoísta?

Para apoyar los argumentos anteriores crearemos una parábola parecida a la que utiliza Richard Dawkins en su “Gen Egoísta”. Imaginemos una población donde todo el mundo fuese bueno. En esta población de, llámemosles, hormigas, cualquier individuo de la misma ayuda a los demás sin pedir nada a cambio. La población entera se ve beneficiada de este comportamiento, ya que todo el mundo tiene no sólo garantizada su supervivencia (en forma de derechos fundamentales: comida, alojamiento, salud,…), sino que colabora por el bien común. El beneficio se reparte de forma equitativa entre todas las hormigas. La unión hace la fuerza.

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