Rompiendo la seguridad del cerebro (2)

futuramaHace unos meses, estuvimos hablando en este mismo blog sobre la posibilidad de hackear el cerebro y poder fabricar una especie de “telepatía” a través de imágenes de la actividad cerebral.El gran @aberron acaba de publicar un artículo actualizado con los avances de esta técnica.

A este paso, lo de llevar gorritos de aluminio va a dejar de ser tontería…

¿Somos tan libres como creemos?

“La esclavitud no se abolió, se cambió por ocho horas diarias.”

-Les Luthiers

Y a veces más, añadiría yo.

Al menos no nos obligan a encadenarnos a nuestros equipos de trabajo. ¿Os imagináis tener que ir con un smartphone a todas partes?

La primera vez que escuché esta frase, pensé que era una hipérbole graciosa, que sólo buscaba la risa fácil. Pero conforme vamos adentrándonos más y más en esta selva de capitalismo salvaje en el que nos encontramos, menos convencida estoy de que fuese una exageración. Porque, ¿qué nos diferencia de los esclavos? ¿Hay realmente tanta diferencia como nos creemos? ¿No será que todo es una gran campaña de publicidad para ocultar que, realmente, no estamos tan avanzados como creemos? ¿Estoy exagerando? Bueno, vamos a intentar averiguarlo.

¿Qué es la esclavitud?

“La esclavitud, también llamada trata de negros. Estado de esclavo, es decir, hombre o mujer que esta bajo el dominio de otro y carece de libertad.”

En un principio no parece que la esclavitud se ajuste a la mayoría de nosotros. Somos libres, o al menos eso pone en nuestras leyes. No estamos obligados a seguir las órdenes de nadie… o al menos no en principio. Mientras sigamos las leyes (de igual aplicación para todos) y no cometamos delito alguno, nadie puede obligarnos a hacer o decir nada que no queramos. E, incluso en caso de saltarnos las leyes, nadie puede, legalmente, obligarnos a hacer nada que pueda ir en nuestra contra. Salvo pagar multas, realizar servicios comunitarios o vivir en la cárcel; castigos propiamente impuestos por cometer delitos.

En apariencia, al menos, no somos esclavos. Somos libres.

Sin embargo, ya anteriormente hemos hablado del miedo a la libertad, de lo difícil que resulta para el ser humano deshacerse de aquello que le oprime para saber aprovechar las oportunidades que se le ofrecen. Y también hemos hablado de las simitudes de la actual lucha de clases con las batallas ya ganadas. Así que no nos dejemos engañar por las apariencias y sigamos escarbando un poco más en los detalles, para convencernos finalmente de que somos tan libres como creemos.

No tengo claro si Lincoln está pidiéndole que se levante o que le abrillante mejor los zapatos

¿Y si en vez de esclavos somo siervos?

 Conforme llegó la Edad Media, los esclavos empezaron a ser menos frecuentes, pero se extendió una nueva forma de semi-esclavitud: la servidumbre.Un siervo le debía obediencia y lealtad a su señor, el cual a cambio le dejaba parte de las tierras (en propiedad del siervo o prestadas) para que pudiera trabajarlas y tener sus propias pertenencias. El señor feudal seguía teniendo ciertos derechos sobre los siervos, pero éstos a su vez estaban más protegidos por la ley. Si un siervo progresaba económica y socialmente, podía llegar a aspirar a ser libre, a comprar su libertad. A cambio de su trabajo y los impuestos que el señor feudal le imponía, el siervo se encontraba protegido y amparado, ya que el señor feudal estaba obligado a protegerle y ayudarle en caso de necesidad (como en una guerra o una sequía).

Una vez más, esta definición no parece ajustarse a nuestra situación. Empieza a tener tintes preocupantemente parecidos, pero eso sólo lo debemos achacar a que es la evolución intermedia entre el esclavo y el trabajador.

 No, parece que sólo somos trabajadores

En el sistema actual, una persona (suponiendo el primer mundo y gran parte del segundo) tiene acceso a la educación suficiente para trabajar prácticamente de lo que desee, sea cual sea su condición de nacimiento. Puede montar una empresa o trabajar para otros. Puede dedicarse a las ciencias, las artes, las letras o cualquier cosa que se le ocurra y tenga unos ingresos monetarios. Con estos ingresos, comprará o venderá lo que quiera, sin tener que pedir permiso a nadie. Somos libres de hacer con nuestra vida lo que queramos. Compraremos o alquilaremos una vivienda, vestiremos la ropa que nos guste y viajaremos en vacaciones a los lugares que nuestros ingresos nos permitan ir.

Somos simplemente trabajadores (ya sea clase media o pobre). Algunos somos autónomos, otros somos trabajadores por cuenta ajena. Pero, al fin y al cabo, parece que sólo somos trabajadores. La base de la pirámide. Un momento, ¿pirámide? ¿Es una pirámide?

Según el 0.1% de la población, el 99.9% apesta

Si echamos un vistazo a la gráfica de distribución de la riqueza mundial de 2012, podemos comprobar cómo el 0.1% de la población tiene el 81% de la riqueza. Supongamos que consideramos ese 0.1% de la población como si fuera un señor feudal. Tiene la mayor parte de las tierras y riquezas, es difícil tomar decisiones importantes o crear una nueva empresa sin hacerles frente. Y ahora supongamos que nosotros estamos en ese 99.9% de la población que dispone de tan sólo un 19% del total de la riqueza.

¿Realmente somos libres o estamos a merced de lo que ese 0.1% quiera? ¿Somos sus trabajadores voluntarios o somos siervos?

Para empezar, nos encontramos con una disyuntiva interesante: somos todo lo libres que queramos, pero estamos obligados a trabajar. Menuda chorrada, pensará más de uno, claro que estamos obligados a trabajar. ¿Cómo vas a pagar tu comida, tu vivienda, tu calefacción,… si no trabajas?

Estoy de acuerdo. Es necesario trabajar. Así que reformularé la frase: estamos obligados a trabajar bajo las condiciones que nos imponga ese 0.1%.

No nos estarán pidiendo derecho a pernada (o prima notte), ni nos estarán obligando a hacer una reverencia cuando pasen por delante. Pero estamos igualmente obligados a someternos a sus condiciones contractuales (40 horas semanales + extras, vacaciones cuando el jefe quiera, guardias, etc…).

Alguno estará leyendo esto y pensando que si no estoy conforme con trabajar por cuenta ajena, que trabaje por cuenta propia, de forma autónoma, con mi propia empresa. Por supuesto. Esa es la mayor trampa y falacia del asunto. La mayor campaña de publicidad jamás orquestada.

Sinceramente, ¿es posible tener un negocio o una empresa que no siga las normas de juego ya impuestas previamente por ese 0.1%?

En mi experiencia, y sobre todo si la empresa es lo suficientemente grande como para ser estable, la respuesta es un rotundo no. En cuanto una empresa empieza a destacar por su forma diferente de funcionar, aparecen las presiones para que vuelva al cauce que le corresponde. Realmente no hay libertad a la hora de poder elegir cómo queremos trabajar.

Y esto, eventualmente, nos lleva a una esclavitud o servidumbre encubierta, donde, escojamos la opción que escojamos, vamos a estar sometidos a una serie de normas (escritas o no), que nos obligarán a variar nuestra forma de vivir hasta límites insospechados.

Probablemente los mismos que pensaron que la obligación de trabajar era una exageración, también piensen que soy demasiado exagerada en este asunto. “¡Anarquista! ¡Ácrata!” Y quizás tienen razón y todo esto no es más que una ida de olla mía en la que estoy viendo fantasmas donde sólo hay lagunas en leyes de protección a los trabajadores que hay que rellenar. Es posible. O quizás es todo parte de ese lavado de cara que nos impide darnos cuenta que estamos a merced de nuestra clase alta.

Pobre obrero, ¿qué iba a saber él de economía?

En cualquier caso, y ahora que la crisis aprieta, creo que a nadie se le escapa que hay personas en situaciones de libertad estrechamente reducida. En muchos casos, seguramente estos problemas habrán sido causados por una conducta irresponsable y errática. Pero también existen (y han existido siempre) casos de gente obligada a trabajar en condiciones donde no puede garantizarse llegar a final de mes. Es decir, condiciones posiblemente aún peores que las de los esclavos, a quienes sus amos alimentaban y abrigaban (ya que una enfermedad o una desnutrición les haría ser menos útiles). Ahora ya ni siquiera tenemos esa seguridad, porque somos esclavos de usar y tirar. Nuestros amos/jefes no tienen que costear nuestros primeros años de vida y, si dejamos de ser útiles, enseguida somos sustituidos por otros esclavos/trabajadores dispuestos a lo que sea por poder trabajar.

No estoy hablando de casos marginales, sino de lo que estoy viendo en el día a día de nuestra sociedad. Personas que cinco años atrás jamás hubieran pensado en encontrarse en esta situación. Personas que han pisoteado tanto su dignidiad que es imposible volver a recuperarla.

Porque siempre se empieza aceptando condiciones inhumanas pensando que es algo temporal. Que esto mejorará y que pronto podremos olvidarlo. Pero una vez que tocas fondo, es muy difícil volver a salir a flote.

¿No hay salida entonces? 

La esclavitud debió establecerse en la Tierra cuando las artes de la producción llegaron a un grado de desarrollo tal que proporcionaron al género humano algo más de lo que les era estrictamente necesario para subsistir.

Mientras que la naturaleza dió al género humano lo necesario para la vida y se lo dió espontanamente, sin lucha, sin trabajo por parte del hombre, no debió pensar este en someter a su semejante.

-Orígenes de la Esclavitud en la Enciclopedia Libre

Quizás deberíamos empezar a pensar en volver a los orígenes. Si nuestra posición en la sociedad es la de ser un esclavo, ¿nos merece la pena quedarnos ahí? ¿Realmente necesitamos tanto contacto con esta sociedad? ¿No podríamos volver a la agricultura de subsistencia y aprender a disfrutar de la vida otra vez? ¿Tiene sentido vivir la vida si no vas a poder disfrutarla?

¿Es posible plantear una redistribución de la riqueza que nos haga realmente libres?

En serio, ¿eres feliz?

Libertad

Eres libre.

A algunos esta afirmación les sonará trivial. A otros, les parecerá una broma de mal gusto. Pero muy pocos son conscientes de las verdaderas dimensiones de esa libertad.

Para empezar, hay que saber distinguir entre poder y libertad. Eres libre, pero no eres omnipotente. Eres libre de tirarte por el balcón agitando frenéticamente tus brazos pero no vas a poder volar. Querer hacer una cosa e intentarlo no es equivalente a poder conseguirlo. Sin embargo, eres perfectamente libre de intentarlo. Tienes libertad de acción y decisión, no de controlar las consecuencias de dichas acciones y decisiones.

Un pobre sirviente que le lavaba los pies al rey más poderoso, era libre de escupirle a la cara cuando quisiera. Sin embargo, las consecuencias de ese acto eran probablemente tan terribles que el sirviente prefería no hacerlo.

Sólo disponemos de cuatro principios de la moral:

  • El filosófico: haz el bien por el bien mismo, por respeto a la ley.
  • El religioso: hazlo porque es la voluntad de Dios, por amor a Dios.
  • El humano: hazlo porque tu bienestar lo requiere, por amor propio.
  • El político: hazlo porque lo requiere la prosperidad de la sociedad de la que formas parte, por amor a la sociedad y por consideración a ti

(Lichtenberg, Aforismos)

La histórica lucha por los derechos humanos ha ido ampliando tu poder de hacer cosas con las mínimas consecuencias. Pero tu libertad en sí misma, esa no podía ampliarla, porque ya era tuya desde un principio. Cuando aquella joven negra decidió sentarse entre los blancos del autobus estaba tomando una decisión libre. Sabía las consecuencias, pero era libre de sentarse allí. Y lo hizo. Las únicas leyes realmente limitantes son las Leyes de la Física.

Incluso el esclavo más torturado de Esparta era libre.

Hay un hecho del que somos aún menos cconscientes: estamos ejerciendo continuamente nuestra libertad. Cada elección, por pequeña e irrelevante que pueda parecer, es una acción más de nuestra libertad. Incluso cuando no eliges nada, estás eligiendo no hacer nada. Por tanto la pregunta que hay que hacerse no es si somos libres o no, sino si estamos ejerciendo nuestra libertad de forma correcta.

Cada una de nuestras decisiones tienen consecuencias. Decidir coger el autobus o ir en coche pueden parecer decisiones triviales. Sin embargo, sus consecuencias son muy diferentes, no  sólo a nivel de contaminación. Ir en coche puede significar una mayor agilidad, pero ir en autobus te puede permitir conocer gente que de otra forma no hubieras conocido.

Cada uno de nosotros es como una pequeña mariposa agitando frenéticamente sus alas. Un mal gesto puede llevar a una relación de enemistad profunda que más adelante te haga tropezar. En cambio, un buen gesto podría llevarte a una relación de amistad que más adelante te ofrezca una oportunidad de trabajo. La diferencia entre ambos futuros es un simple gesto. Nuestro libre albedrío nos guía.

Nadie puede ver el futuro, tiene demasiadas variables para poder ser procesado e interpretado con exactitud. Pero a cada paso que damos (y que no damos), vamos escogiendo diferentes caminos que se enlazan unos con otros. Es nuestra libertad quien escribe nuestro futuro. Somos nosotros mismos quienes decidimos lo que vamos o no vamos a vivir.

Eres libre. Tú verás lo que haces con tu libertad.

Bibliografía recomendada: