Ateísmo y Muerte – Asimov

Aunque me acerco al momento de la muerte, no me asusta morir e irme al infierno, o (lo cual sería mucho peor) ir a la versión popularizada del cielo. Espero que la muerte sea una nada, y por quitarme todo tipo de miedo hacia a la muerte estoy agradecido al ateísmo.

—Isaac Asimov (“Sobre la religiosidad”)

Utopía

No pocas veces, hablando de ideologías, está el realista de pies en el suelo que se ríe de quien cree y defiende las utopías. Porque, según ellos, perseguir una utopía es inútil. Porque es algo imposible de alcanzar.

Yo no puedo menos que estar en desacuerdo.

Para la supervivencia del día a día son necesarios hitos que vayan definiendo el camino. Hitos realistas y alcanzables. Hitos que no lleven a la desesperación. Pero estos hitos no están marcando las líneas generales. Estos hitos,  que pueden llevar años o décadas, no son más que soluciones temporales a un problema aún mayor. Y, al no haber un fin superior claro, un hito puede estar interfiriendo o incluso destrozando hitos anteriores.

Hay problemas que no podemos solucionar porque son inherentes a la naturaleza. La Tierra tiene un tamaño que nos da unos recursos finitos. Los humanos se dejarán llevar por sus sentimientos. No podemos controlar la naturaleza irracional del resto de seres vivos. Todos estos problemas son problemas cuya solución es inalcanzable.

Un realista diría que a lo único a lo que podemos aspirar frente a estos problemas es a soluciones parciales, porque no hay forma de solucionarlo. Pero cada una de esas soluciones, al pensarse ya limitadas, nacen muertas. Ninguna solución planteada como parcial podrá tener en cuenta el global y, por tanto, está condenada al fracaso.

Una utopía es como aquel punto en el que dos líneas paralelas se cruzan. Por mucho que corras siempre quedará algún detalle que pulir, nunca podrás alcanzarla. Pero te marca un camino. Te dice por dónde debes evolucionar para acercarte a esa solución imposible a un problema irresoluble.

Por ejemplo, el problema de la delincuencia. Puedes meter en la cárcel a los delincuentes. Puedes rehabilitarlos. Puedes educar desde la infancia en civismo. Puedes intentar que nadie pase penurias para que nadie se vea obligado a delinquir. Pero, probablemente, si enfocas cada una de esas soluciones de forma independiente, acabes pisando unas con otras. Puede que endurezcas las penas de cárcel y con ello quebrantes la rehabilitación. Puede que te centres en la educación y olvides que hay personas que se ven abocadas a la delincuencia por no tener otra forma de sobrevivir.

Si en vez de enfocar el problema como algo irresoluble, planteamos la utopía de que no exista la delincuencia, y afrontamos el problema de forma global y posible, hallaremos la combinación de todas esas soluciones parciales que nos acercarán más a la solución final. Dejaremos de centrarnos en el presente (encarcelar de forma perpetua e irremisible a todo aquel que delinca como castigo) para centrarnos en la solución futura (que no haya delincuentes que meter en la cárcel). Nunca alcanzaremos esta utopía porque siempre estará el imbécil que se corrompe o el psicópata al que no le importan los demás. Pero estaremos mucho más cerca de lo que estamos ahora. estaremos mucho mejor.

Defender una utopía no es más que defender una serie de hitos, uno detrás de otro, iterando hasta acercarse tanto a la solución final que se puedan controlar fácilmente las desviaciones.

Por eso, las leyes básicas y universales, como los Derechos Humanos o  la Constitución, deben ser escritas de forma general y simple. Esto es lo que queremos alcanzar. Sin detalle, abierto a interpretación. Porque no sabemos cómo vamos a evolucionar. Pero sabemos a dónde queremos evolucionar.

Rosa Parks, Neldon Mandela, Martin Luther King. Todos ellos consiguieron lo que consiguieron porque siguieron una utopía, un ideal en aquellos momentos inalcanzable. Todos ellos tuvieron que enfrentarse a esos realistas de pies en el suelo que no creían en su sueño. Gracias a sus utopías, el mundo ha mejorado.

Por eso, no puedo menos que compadecerme de aquellos realistas de pies en el suelo que se ríen de las utopías. Porque ellos siempre estarán limitados por lo que su mente les dice que es imposible de alcanzar.

Karma

Ni en lo más profundo del océano, ni en la cumbre de la montaña más alta, podrá refugiarse alguien donde escaparse de las consecuencias de sus malas acciones.
Buda

Justicia Ciega

¿Qué es el Karma?

El karma como concepto es muy sencillo: si haces el bien, recibirás el bien. Si haces el mal, recibirás el mal. Las personas buenas son recompensadas. A las personas malas les pasarán cosas malas.

El karma suele estar muy asociado al budismo, ya que sus primeras menciones están muy relacionadas con las religiones dhármicas. Sin embargo, este concepto ha sido muy bien absorbido por casi todas las culturas (como en el Cuento de Navidad de Dickens) y religiones, ya sea como una fuerza natural imparable o como un dios vengador que ejercerá una justicia divina.

Desde un punto de vista psicológico, tiene sentido. De forma general cuando una persona necesita ayuda de otra, es mucho más fácil recibir esta ayuda si previamente ha realizado buenas acciones. Todo el mundo es más propenso a ayudar a alguien que “se lo merece” antes que a alguien que “no se lo merece”.

Esto las religiones lo conocen desde hace mucho. Desde las religiones más antiguas, se sabía ya que eran necesarias ciertas pautas de comportamiento para mantener la paz social. Por ejemplo, con la aparición del judaísmo, estas normas se hacen mucho más explícitas con las tablas de Moisés. Sin embargo, es en la evolución al cristianismo donde incide aún más en estas normas sociales, eliminando el ojo por ojo por unas normas más laxas basadas en el perdón absoluto.

Por tanto, desde un punto de vista estadístico, parece bastante lógico que podría modelarse el karma como una función probabilística donde el número de acciones buenas y malas sobre otras personas influyen en el karma que estas personas reciben de otras. En el fondo, esto no es nada nuevo, no es más que una variante de lo que se conoce como ingeniería social.

¿Existe entonces el karma? ¿Tenía Buda razón?

Cuando mal obres no pienses “esto no traerá consecuencias para mi”, las pequeñas acciones malas se van acumulando y, cuando se desbordan, te ocurrirá una gran catástrofe.
Cuando obres bien no pienses “esto no traerá consecuencias para mi”, las pequeñas acciones buenas se van acumulando y, cuando se desbordan, te sobrevendrá una gran dicha.
Buda

Naturaleza – Arsuaga

Sólo a partir de Darwin se ha comprendido que no somos la especie elegida, sino como dice Robert Foley, una especie única entre muchas especies únicas, aunque eso sí, maravillosamente inteligente. Y no deja de ser paradójico que tantos años de ciencia nos hallan llevado a saber algo que cualquier bosquimano del Kalahari, cualquier aborigen australiano, o cualquiera de nuestros antepasados que pintaron la cueva de Altamira conocía de sobra: Que la Tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la Tierra.

—Juan Luis Arsuaga, (1954- ) paleoantropólogo español.

Feminismo en Tristán

El problema de mi vida me anonada más cuanto más pienso en él. Quiero ser algo en el mundo, cultivar un arte, vivir de mí misma. El desaliento me abruma. ¿Será verdad, Dios mío, que pretendo un imposible? Quiero tener una profesión, y no sirvo para nada, ni sé nada de cosa alguna. Esto es horrendo.

Aspiro a no depender de nadie, ni del hombre que adoro. No quiero ser su manceba, tipo innoble, la hembra que mantienen algunos individuos para que les divierta, como un perro de caza; ni tampoco que el hombre de mis ilusiones se me convierta en marido. No veo la felicidad en el matrimonio. Quiero, para expresarlo a mi manera, estar casada conmigo misma, y ser mi propia cabeza de familia. No sabré amar por obligación; sólo en la libertad comprendo mi fe constante y mi adhesión sin límites. Protesto, me da la gana de protestar contra los hombres, que se han cogido todo el mundo por suyo, y no nos han dejado a nosotras más que las veredas estrechitas por donde ellos no saben andar…

Estoy cargante, ¿verdad? No hagas caso de mí. ¡Qué locuras! No sé lo que pienso ni lo que escribo; mi cabeza es un nidal de disparates. ¡Pobre de mí! Compadéceme; hazme burla… Manda que me pongan la camisa de fuerza y que me encierren en una jaula. Hoy no puedo escribirte ninguna broma, no está la masa para rosquillas. No sé más que llorar, y este papel te lleva un botiquín de lágrimas. Dime tú: ¿por qué he nacido? ¿Por qué no me quedé allá, en el regazo de la señora nada, tan hermosa, tan tranquila, tan dormilona, tan…? No sé acabar.

Tristán, Benito Pérez Galdós.

 

Is this the real life? Is this just fantasy?

Existen personas que recuerdan todo lo que sueñan y personas que despiertan cada mañana con un vacío temporal. Y también existen personas que son capaces de tener conciencia mientras sueñan, de forma que están “despiertas” durante su sueño. A esto se le llama tener un sueño lúcido.

La primera vez que tienes un sueño lúcido sorprende lo real que te parece. Puedes estar soñando con unicornios voladores en una pista de patinaje de golosina que para tí eso es perfectamente real. Puedes tocarlo, saborearlo, sentir frío y calor, sentir dolor o miedo. Normalmente tardarás varios sueños lúcidos en ser capaz de controlar los elementos, pero es posible, con cierta constancia y entrenamiento.

Pero a veces antes de ser consciente de que es un sueño, la persona experimenta un sueño extremadamente real, tan real que no es capaz de decidir si está soñando o no.

Mira a tu alrededor. ¿Hay algo fuera de su sitio? Eso suele indicar que lo que estás viendo es producto de la imaginación de tu cerebro. Pero que no veas o escuches nada extraño no significa que esté todo en orden. De hecho, que veas o escuches algo fuera de lo normal, tampoco significa que estés soñando. ¿Sabías que existen motivos por los que personas perfectamente sanas y cuerdas puedan experimentar alteraciones de la realidad? Desde la típica manchita flotante de un coágulo en el ojo hasta personas perfectamente normmales sentadas en tu salón, como explican en esta sorprendente charla TED:

¿Recuerdas cómo llegaste aquí? Bueno, puedes tener amnesia o estar bajo la influencia de drogas. No necesariamente has tenido que tomarlas conscientemente, no puedes descartar nunca esa posiblidad. De hecho, podría pasarte que hubieras sufrido algún tipo de accidente del que ahora no recuerdas nada (amnesia, shock) y que tuviera efectos sobre tu percepción.

El siguiente vídeo habla de diferentes casos en los que el cerebro deja de ser un referente fiable para procesar tus sentidos. Concretamente, alrededor del minuto 9 habla de los miembros fantasma. Personas que han sufrido accidentes o, incluso, han perdido algún brazo o pierna, son capaces de sentir que siguen teniéndolos, moviéndolos y tocando objetos. Los subtítulos automáticos no so demasiado buenos dado que el ponente no es hablante nativo, pero la parte interesante de la charla puede seguirse sin problemas:

Entonces, ¿es posible estar seguros de que lo que estamos percibiendo es real? ¿Podemos fiarnos de nuestros sentidos?

Rompiendo la seguridad del cerebro

Estamos acostumbrados a leer noticias de hackers que han conseguido saltarse la seguridad de algún sistema y se han paseado entre informaciones altamente secretas y altamente delicadas. ¿Sería posible hacer algo así con nuestro cerebro? ¿Es posible leer la mente?

Aunque parezca de ciencia ficción, en los últimos años se han ido llevando a cabo diversos experimentos, sobre todo mediante resonancias electromagnéticas, que nos invitan a pensar que sí es posible leer, al menos a grandes rasgos, lo que una persona está pensando.

Pero dejemos que los expertos nos hablen de los últimos y escalofriantes (y reales) avances de la ciencia en este aspecto, primero con un vídeo de cómo se puede aprender a conectar un ojo artificial para que el cerebro vea:

Si el primer vídeo sorprende, este segundo vídeo es increíble. Podemos entender mejor cómo las personas se sitúan sobre un espacio y cómo puede leerse esta ubicación en el cerebro.

La buena noticia es que, a día de hoy, no es posible leer los pensamientos complejos del viandante anónimo. Primero porque tendrían que hacer un estudio de tu cerebro particular para saber exactamente cómo mapea tu cerebro la relación entre pensamiento y zonas del cerebro que se activan. Y segundo, porque aún no se ha inventado un escáner electromagnético que pueda escanearte sin tu colaboración.

Lo cual no quiere decir que, en cuestión de años, no legislen para quitarnos nuestro último rincón de independencia, poniendo en marcha un cuerpo de Policía del Pensamiento…

Lutero

“Ellos tienen bajo su vigilancia todos los bienes y practican sin disimulo todos los engaños que han sido mencionados; suben y bajan los precios según su gusto, y oprimen y arruinan a todos los pequeños comerciantes, al modo como el lucio come los pececillos, justamente como si fueran señores de las criaturas de Dios y no tuvieran obligación de prestar obediencia a todas las leyes de la fe y el amor.”

Lutero en 1524, Sobre el comercio y la usura

“Estas palabras de Lutero habrían podido escribirse hoy. El miedo y la ira de la clase media contra los ricos monopolistas durante los siglos XV y XVI, son similares en muchos aspectos al sentimiento que caracteriza la actitud de la clase media contra los monopolistas y los poderosos capitalistas de nuestra época.”

Erich Fromm en 1947, El miedo a la libertad

Esquizofrenia, o la ruptura del cerebro

En el artículo anterior comentábamos sobre la conciencia y el subconsciente, cómo nuestra mente en verdad se divide en parcelas, cada una ocupándose de una tarea específica. Aunque tengamos la impresión de que nosotros (lo que llamamos el “yo”) organiza y dirige todo lo que hacemos, bajo esa capa de conciencia tenemos al subconsciente, que toma sus propias decisiones y te manipula para que tomes la mejor decisión.

Al igual que nos centramos en la psicopatía, ahora nos centraremos en la esquizofrenia, una condición mental que comunmente resumimos como locura. El esquizofrénico parece vivir en un mundo paralelo, donde suceden cosas que sólo él parece ver (alucinaciones, sobre todo auditivas). Su comportamiento es errático y desordenado, como si no fuera muy consciente de lo que está haciendo. Sus pensamientos son caóticos, van saltando de tema en tema sin ningún tipo de orden aparente.

Para meternos en la mente de un esquizofrénico, podemos utilizar la música compuesta por Graham March, quien plasmó en sus composiciones la misma sensación que experimentaba en su cerebro. El mismo caos y desorden. O como el mismo lo definía:

“It’s like, 200 hundred channels of Television all on at once and you can’t turn them off, nothing but unwanted noise and thoughts.”

“Es como 200 canales de televisión, todos encendidos a la vez, y no puedes apagarlos, sólo hay ruido molesto y pensamientos.”

La causa de la esquizofrenia no está nada clara, al menos a nivel biológico y químico. Se sabe que existen genes que aumentan la probabilidad de que se sufra esquizofrenia, pero no se sabe cómo afectan estos genes ni exactamente en qué consiste la esquizofrenia. Hay muchos estudios que relacionan el origen de la esquizofrenia con múltiples causas (enfermedad en el útero materno, infección inmediatamente posterior al nacimiento, causas ambientales que desencadenan la enfermedad, estrés, drogas,…) Pero, realmente, nadie ha encontrado una guía universal para explicar la esquizofrenia.

Lo que sí se sabe es que la esquizofrenia tiene un efecto como de dividir la mente en diferentes sub-mentes que funcionan de forma independiente. Es como si el cerebro dejase de trabajar de forma secuencial y empezase a trabajar de forma paralela, teniendo varios procesos a la vez.

Cuando el esquizofrénico oye voces, realmente lo que está oyendo son sus propios pensamientos. No los reconoce como tales porque su “yo”, su “conciencia”, el que está oyéndolos, no es el mismo trozo de cerebro que está pensándolo. Por tanto, lo reconoce como una voz externa a sí mismo, pero una voz que sólo él puede oir. Y esas voces parecen conocerle muy bien, parecen estar vigilándole, diciéndole lo que tiene que hacer, dándole consejos. No es raro por tanto que acabe desarrollando paranoias y manías persecutorias.

En algunos casos la esquizofrenia puede llevar a episodios en los que el individuo se quedacatatónico, inmóvil o casi inmóvil, sin el control de su propio cuerpo, sufriendo espasmos y a veces incluso diciendo cosas sin sentido. ¿Podría ser que tomase el control una parte del cerebro diferente a la que lo toma normalmente? ¿Una lucha entre sub-mentes por ver quién se lleva el control final? Quién sabe, pero las religiones se aprovechan de estos casos, al igual que de la epilepsia, haciéndolos pasar por posesiones y bendiciones divinas.

En cualquier caso, aún queda mucho por investigar en este campo.